Creado en Sábado, 30 Junio 2012 08:05 Escrito por Moraima Zulueta Gómez Visto: 756
¿Quién no conoce la frase devenida en refrán: “El que tiene padrino se bautiza”? La expresión ha pasado a ser parte de la historia de Contramaestre, ubicada a 890 kilómetros de La Habana, vinculada directamente a San Juan, padrino espiritual y motivación de las fiestas patronales de este asentamiento.
La celebración se ha convertido en patrimonio de valor social y testimonial de la ciudad de Contramaestre, asociada con las formas de vida de los diferentes grupos que la habitan, formando parte de sus tradiciones y costumbres, así como de la memoria colectiva, desarrollándose en diversos escenarios físicos definidos y relacionados directamente con la imagen de los mismos.
La festividad del San Juan tuvo su origen a principios del siglo XX, con la construcción del ferrocarril y la carretera central que atravesaron a la ciudad de Contramaestre. El territorio iniciaba su desarrollo y decenas de emigrantes españoles llegaron en busca de prosperidad y se asentaron en este terruño.
Dentro de estos desplazados se encontraba Juan Ríos Rodríguez, canario de nacimiento, quien adquirió en 1909 caballerías de tierras hacia el norte y noroeste del asentamiento y las dedicó a la cría de ganado, percatándose de que estaba en presencia de un pueblo muy joven, cuyos orígenes no estaban vinculados al período colonial y desprovisto de un patronato que marcaba la costumbre de muchos pueblos y ciudades en Cuba y el mundo.
Ante esa observación, Ríos Rodríguez decidió reunirse con otros emigrantes y algunos pobladores para proponer a “San Juan” como padrino del asentamiento, cuya argumentación tenía como referencia a las aguas, principalmente aquellas que abrieran y cerraran el verano, y vinculada a las cosechas de ciclo corto e intermedio, tales como maíz, frijoles, calabazas y boniatos; la mayoría de ellas utilizadas en las llamadas “curaciones”, “limpiezas espirituales” y misas.
A partir de la propuesta comenzó una polémica: ¿por qué este patrón y no otro, si “San Juan” era distintivo de la ciudad de Camagüey? Muchos de los emigrados que participaron en este asunto, coincidieron con la proposición de Juan Ríos, pues en los pueblos y aldeas de las que provenían, patrocinaba este santo.
Después de llegar a un consenso, se declaró a “San Juan” como patrón del poblado de Contramaestre el 15 de abril de 1955, en el local del Colegio Académico del pueblo. El acta constitutiva recoge la estructura funcional y los fines de la institución en su Artículo 2, en donde se recoge: “Los fines de este patronato son los de unir de manera firme a todos los vecinos de esta población, a fin de lograr una eficiente colaboración en la organización de San Juan. Logrando (...) que cada uno aporte sus intenciones al bien colectivo".
El primer San Juan de Contramaestre
El 24 de junio fue la fecha escogida para celebrar la primera festividad absolutamente popular acogida al nombre de San Juan, la que no tuvo ninguna relación con la celebración con el santo patrón católico, del que se celebra su festividad se el 27 de diciembre de cada año.
Al ser el “San Juan” de Contramaestre una celebración popular, no se realizaba en recintos cerrados sino que se escogía el mismo centro del asentamiento donde se encontraba el parque “Jesús Rabí” como su escenario principal.
En su alrededor se ubicaban inmuebles de gran valor para el asentamiento, tales como el Cine “Isabel”, el Hotel “Carnero”, tiendas, bares, el Casino hispano- cubano, la mayoría con códigos arquitectónicos Art Decó. Hacia el parque convergían las principales vías del asentamiento, garantizando una buena accesibilidad.
En ese contorno se colocaban kioscos de yagua y guano, donde se ofertaban bebidas, comidas y dulces. Los músicos aficionados de la región eran los encargados de amenizar esta fiesta que duraba por lo general dos días.
Lo más relevante de la celebración del San Juan es que al llegar la madrugada los participantes marchaban hacia al río Contramaestre a bañarse bajo el puente que sirve de paso a la carretera Central, alegando que las aguas ese día estaban bendecidas por “San Juan”, y muchos, ya sea por sus creencias espirituales o católicas, se bautizaban durante el día o la noche.
Con el transcurso del tiempo la clase pudiente de la sociedad contramaestrense decidió trasladar la festividad hacia el Casino Hispano – Cubano, donde se organizaban bailes de disfraces, comparsas y cenas, solo para sus asociados; pero simultáneos a la fiesta popular original.
El San Juan de Contramaestre trasciende en el tiempo
Durante varios años, la celebración del “San Juan” fue una de las tradiciones más importantes del asentamiento de Contramaestre que cumplirá 100 años en el venidero 2013. Con el triunfo de la Revolución el 1ro. De enero de 1959 y los cambios sociales, económicos, culturales, políticos e ideológicos que se propiciaron, esta fue perdiendo importancia y quedando olvidada aparentemente.
Sin embargo, el contramaestrense común, sencillo, cotidiano, que se detiene a escuchar los mitos y leyendas de sus orígenes, ha retomado el “San Juan” y lo ha renovado. En sus raíces es el mismo, con un marcado carácter popular, pero a la vez más personal, ya que ha cambiado su organicidad.
Durante las primeras celebraciones del “San Juan” las personas se aglomeraban en un solo punto del río (puente de la carretera central); en las nuevas circunstancias se descentralizó como punto de referencia y las personas se han diseminado en el cauce del Contramaestre según la zona que habitan dentro de los perímetros urbano y rural.
Cada grupo de personas le aporta nuevos elementos que enriquecen a la tradición del San Juan, entre ellas: bañarse con carapachos de coco, santiguarse, entonar cánticos espirituales o de la música contemporánea, repartir bebidas, cortarse el pelo y otras. Pero todas conservan la tradición de guardar el agua del río en botellas.
Una descripción de la observación realizada en las celebraciones de la noche del 23 para el 24 de junio de 2005, en Contramaestre, permite ilustrar la diversidad simbólica del ritual de San Juan de ahora:
"Por varias pendientes descienden grupos de personas. Algunos se alumbran con velas y faroles. Es apreciable, que algunos estén pescando -muy recomendable para la salud-. Llevan imágenes de la Virgen de la Caridad, Santa Bárbara y San Lázaro. Hay un grupo que encabeza un santero, seguido de siete ahijados. Se distingue por su hermética organización en la acción ritual: Colocan una imagen de Elegguá en la orilla del río, le encienden una vela después de echarle agua, penetran en el río hasta el centro de la corriente formando un círculo...”.
“El santero saca un coco, lo rocía con perfume, pide permiso a Oshún, que domina las aguas del río, aunque es día de San Juan. Sumerge varias veces el coco, repitiendo: Al fondo vamos y a la superficie subimos, y canta una plegaria en lengua yoruba. Ordena a los participantes que se sumerjan, acción que realizan, simultáneamente. El oficiante dice: “quedan bautizados en nombre de Oshún, Elegguá, con el agua de San Juan Bautista.”
Recuperar esta tradición es revivir la experiencia de sus primeros pobladores; su legado permanece en el tiempo, siendo esta una fuente de identidad, que no solamente guarda relación con las personas que participan directamente en la celebración sino con todos los habitantes de la ciudad, portadores de una memoria histórica que no siempre puede encontrarse en otros lugares.
En la medida que avanza la recuperación de este valor patrimonial, crece la identificación y se refuerza el sentimiento de pertenencia que hace al ciudadano con mayor sentido identitario, consciente de sus valores y comprometido con su destino.