Creado en Sábado, 04 Agosto 2012 08:40 Escrito por Arnoldo Fernández Verdecia Visto: 340
Un buen médico siempre es una garantía para la salud. La pastilla que receta es aliciente para imaginar que estaremos bien. Pero un mal médico, condiciona a pensar, que la pastilla tiene sabor a engaño y no atacará la enfermedad en su raíz. Esto último acaba de suceder en Siria, a propósito de la nueva resolución de la Asamblea General, adoptada el 3 de agosto pasado.
¿Por qué sabor a engaño?
Busca un efecto moral en las naciones del mundo, e inclinarlas al uso de la intervención militar para solucionar la crisis en Siria, pues condena solamente al gobierno por utilizar armamento pesado (artillería, tanques, helicópteros) contra las bandas opositoras. No lo hace con los grupos terroristas que operan en la citada nación y han linchado a civiles inocentes.
La resolución tiene como autor intelectual a Arabia Saudí y a toda la Liga Árabe. Recibió 133 votos a favor, 12 en contra y 31 abstenciones.
Rusia rechazó el texto por considerarlo dañino, pues contradice los esfuerzos para ayudar a implementar el plan de Annan, e incluso socava una posible solución política de la crisis. El gobierno cubano considera que se trata de un documento parcializado, poco constructivo y allana el camino a la intervención militar.
Por todo lo dicho hasta aquí, estamos en presencia de una resolución que busca efectos morales en las naciones del mundo, para construir pretextos necesarios que legitimen una invasión en el país levantino, y sacar así, por la fuerza, a sus actuales autoridades institucionales.
El diagnóstico del médico, instalado en la Asamblea General, receta una pastilla con sabor a engaño, que ojalá el mundo no trague.